Las motos con escape libre volvieron a adueñarse de la noche y el ruido fue un verdadero tormento para cientos de vecinos que solo querían descansar.
No se trata de un hecho aislado. Es una situación que se repite y que afecta a familias enteras: niños que no pueden dormir, adultos que trabajan temprano, personas mayores que necesitan tranquilidad. El descanso no puede quedar rehén de unos pocos que deciden circular haciendo estruendos innecesarios.
El uso de escape libre no es una “diversión”, es una falta de respeto y una infracción. Las normas existen y deben cumplirse.
La pregunta que muchos vecinos se hacen es clara:
¿Dónde están los controles nocturnos?
La convivencia se construye entre todos, pero también requiere presencia y decisión. El ruido excesivo no es menor: altera la paz social y la calidad de vida.
Los vecinos piden respuestas y acciones concretas.
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